sábado, 13 de octubre de 2007

NIETZSCHE, SELECCIÓN DE TEXTOS

Texto nº 1.
El futuro de la Universidad: valor cultural y relación con el arte.
PREFACIO QUE DEBE LEERSE ANTES DE INICIAR UN CURSO DE FILOSOFIA
El lector del que espero algo debe tener tres cualidades: debe ser tranquilo y leer sin prisa, no debe hacer intervenir constantemente su persona y su “cultura” y no tiene derecho a esperar -casi como resultado- proyectos, programas o soluciones. Estos apuntes van destinados a quienes todavía no se han acostumbrado a establecer el valor de todas las cosas en función del ahorro o de la pérdida de tiempo, a quienes todavía no han olvidado pensar y todavía conocen el secreto de leer entre líneas y a los que siguen reflex­ionando sobre lo que han leído, tal vez mucho después de haber dejado el libro...o sea ¡a pocos hombres!
Este lector debe romper en primer lugar con el oído, sentido privilegiado en nuestra Universidad. Si alguien quisiera conocer la vida de nuestras universidades preguntaría “¿De qué modo entran en relación vuestros estudiantes con la universidad?”. Nosotros respondemos “A través del oído, como oyentes”. “¿Sólo a través del oído?” Vuelve a preguntar. “Sólo a través del oído”. Volvemos a responder. El estudiante escucha, siempre está escuchando y con bastante frecuencia el estudiante escribe también mientras escucha. Esos son los momentos en que está unido al cordón umbilical de la universidad. Ese es el método “acromático” de enseñanza.
Por su parte, el profesor habla a esos estudiantes que escuchan. Lo que piensa y hace en otros momentos está separado por un inmenso abismo de la percepción del estudiante. Muchas veces el profesor lee mientras habla. En general, quiere tener el mayor número posible de oyentes de esa clase; en caso de necesidad, se contenta con pocos, y casi nunca se dirige a uno solo. Una sola boca que habla y muchísimos oídos, con un número menor de manos que escriben: tal es el aparato académico exterior, tal es la máquina cultural universitaria, puesta en funcionamiento. Por lo demás aquél al que pertenece esa boca está separado y es independiente de aquéllos a quienes pertenecen los numerosos oídos. Por otro lado, el profesor puede decir prácticamente lo que quiere, mientras que el estudiante puede escuchar prácticamente lo que quiere: sólo que a cierta distancia y con cierta actitud anhelosa de espectador, está el Estado, para recordar de vez en cuando que él es el objetivo, el fin y la suma de ese extraño procedimiento consistente en hablar y en escuchar.
Así, por un extraño procedimiento la cultura pasa de la boca al oído. Efectivamente, hoy los estudiantes están tan habituados a escuchar que suelen vengarse de eso contra aquéllos a los que sólo pueden escuchar. Según su costumbre, llevan por todas partes la imagen del auditorio, y la necesidad de vengarse de esa enseñanza que es la única que está a su disposición. De ese modo, saben de hecho no sólo que su personalidad está reprimida, y casi esquematizada, sino también que está frustada la tendencia más noble, es decir, su sed de cultura. Una insatisfacción eterna los entristece, los atormenta y, por último, los instiga contra aquellos de quienes esperaban un alimento personal, en lugar de lo cual reciben solamente palabras impersonales, frías, pronunciadas en general ante su auditorio. Por eso, en la universidad suelen ser enormemente raros e insuficientes el respeto y la confianza hacia quien aprende, o sea la única atmósfera fecunda y unificadora entre viejos y jóvenes, entre profesores y discípulos. El hecho de que nuestros estudiantes están condenados a escuchar, de que sólo se los tenga en cuenta como oyentes, les lleva a observar la universidad desde un punto de vista externo, ajeno al tumulto del presente, con sentimientos semejantes a aquéllos con que se observa un puerto tranquilo, de aguas plácidas un día de tempestad y huracán, cuando las luces del faro amenazan con apagarse.
Tomado (libremente) de Friedrich NIETZSCHE, Ueber die Zukunft unserer Bildungsanstalten, [existe traducción española de Carlos Manzano, Sobre el porvenir de nuestras escuelas, Tusquets, Barcelona, 1980].

Texto nº 3
El Nihilismo.

3.1.-“Lo que voy a relatar es la historia de los dos siglos que se aproximan. Y describo lo que viene, lo que no tiene más remedio que venir; la irrupción del nihilismo”. (La voluntad del poder, Prefacio, 2)
“El nihilismo está a la puerta; ¿de dónde nos viene este huésped molesto como ninguno?” (V.P. I, I, 1).
3.2.-“¡Dios ha muerto! ¡Y somo nosotros quienes le hemos dado muerte! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿La grandeza de este acto no es demasiado grande para nosotros? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las generaciones futuras pertenecerán, por virtud de esta acción, a una historia más elevada de lo que fue hasta el presente toda la historia”. (La Gaya Ciencia, 164).
3.2.1.-“Dios ha muerto: ahora queremos «nosotros»... que viva el superhombre”. (Así habló Zaratustra, IV, “Del hombre superior”, 2).
“El fin no es la «humanidad», sino el superhombre”. (V.P., 1000).
3.3.-“¿Qué significa el nihilismo?: que los supremos, valores se desvalorizan. Falta el fin: falta la respuesta al «por qué»” (V.P., I, 2)
3.4.-“FRACASO DE LOS VALORES COSMOLÓGICOS”
A
“El nihilismo, como estado psicológico, aparecerá, primeramente, cuando hayamos buscado un «sentido» a todo lo que pasa, que no está en lo que pasa: hasta el punto de que el que busca acaba por abatirse. El nihilismo es, entonces, el conocimiento de un lago despilfarro de fuerzas, la tortura que ocasiona este «en vano», la incertidumbre, la falta de ocasión para rehacerse de algún modo, sea éste el que sea; de tranquilizarse sobre cualquier cosa, la vergüenza de sí mismo, como si hubiéramos estado engañados mucho tiempo (...).
El nihilismo, como estado psicológico, aparecerá en segundo lugar cuando se haya logrado una totalidad, una sistematización, o también una organización en todo lo que sucede (...). Una forma de unidad, una forma cualquiera de «monismo»: y, por consecuencia de este creencia, el hombre en un sentimiento de profunda conexión y de profunda dependencia frente a un «todo» que le es infinitamente superior, un «modus» de la divinidad.
El nihilismo, como estado psicológico, posee aún una tercera y última forma. Dados estos dos juicios, a saber: que el devenir nada puede ser realizado y que el devenir no está regido por una gran unidad (...): queda el subterfugio de condenar este mundo del devenir todo entero, considerándolo como ilusión, el inventar un mundo que se encuentre más allá, detrás de éste, un mundo de fuera el mundo-verdad. Pero desde que el hombre empieza a advertir que tal mundo no ha sido edificado más que para responder a necesidades psicológicas y que no tiene ningún derecho a la existencia, empieza a tomar vida una forma suprema de nihilismo, una forma que abraza la negación del mundo metafísico y se prohíbe la creencia en un mundo verdad. Colocándose en este punto de vista, se admite la realidad del devenir, se niega toda clase de camino extraviado que conduzca más allá y a las falsas divinidades; pero no se soporta este mundo, aunque no se lo quiere negar.
¿Qué es lo que ha sucedido, en suma? El sentimiento del no-valor se realiza, cuando se ha comprendido que no se podía interpretar el carácter general de la existencia ni por la idea de “fin”, ni por la idea de “unidad”, ni por la idea de “verdad”. Nada se ha conseguido ni obtenido de ese modo; la unidad que interviene en la multiplicidad de los acontecimientos, falta; el carácter de la existencia no es “verdadero”: es falso...: ya no hay, verdaderamente, razón para persuadirse de la existencia de un mundo-verdad... En una palabra, las categorías: “causa”, “fin”, “unidad”, “ser”, por las cuales hemos obtenido un valor para el mundo, quedan retiradas por nosotros; y desde entonces el mundo tiene el carácter de una cosa sin valor...”
B
“Admitiendo que hayamos reconocido que el mundo no puede ser regido por estas tres categorías y que, después de este examen,. el mundo comienza a carecer de valor para nosotros, será preciso que nos preguntemos de dónde han llegado a nosotros estas tres categorías. !Tratemos de investigar si es posible negarles todo crédito!. cuando hayamos despreciado estas tres categorías, la demostración de la imposibilidad de aplicarlas al mundo no es ya una razón suficiente para despreciar el universo.
Resultado: la creencia en las categorías de la razón es causa del nihilismo; nosotros hemos medido el valor del mundo por estas categorías, que se refieren a un mundo puramente ficticio.
Conclusión: todos los valores por los que nosotros hemos tratado hasta ahora de hacer estimable el mundo para nosotros, y por los cuales precisamente lo hemos despreciado cuando se mostraron inaplicables, todos esos valores son, desde el punto de vista psicológico, los resultados de ciertas perspectivas de utilidad, establecidas para mantener y aumentar los campos de dominación humana, pero proyectadas falsamente en la esencia de las cosas. Sigue siendo, pues, la ingenuidad hiperbólica del hombre lo que hace que se considere él mismo como el sentido y la medida de las cosas”. (V.P., 12).
3.5.-“EXAMEN DE CONJUNTO”. Todo crecimiento abundante trae efectivamente consigo un formidable fraccionamiento y una corrupción: el sufrimiento, los síntomas de degeneración son propios de las épocas que dan un enorme paso adelante; todo movimiento de la humanidad, fecundo y poderoso, ha creado al mismo tiempo un movimiento nihilista. En ciertas circunstancias, sería el indicio de un movimiento incisivo y de primera importancia, el indicio del paso a nuevas condiciones de existencia, que viésemos abrirse en el mundo las formas extremas del pesimismo, el nihilismo verdadero”. (V.P., 112)
3.6.-“FORMAS DE ATURDIMIENTO. En lo interior: no saber cómo salir de sí mismo. Tentativas de salir de este estado por medio de la embriaguez: embriaguez como música, embriaguez como crueldad en la caída trágica de los más nobles, embriaguez como ciego entusiasmo por ciertos hombres y ciertas épocas (como odio, etc). Tentativa de trabajar aturdido, como instrumento de la ciencia: abrir los ojos a los pequeños goces, por ejemplo, los goces del aficionado (...); este mismo sentimiento generalizado hasta constituir un «pathos»; la mística, el goce voluptuoso del eterno vacío; el arte «por el arte» (...) el «conocimiento puro» como narcótico del vacío de sí mismo; cualquier trabajo constante, cualquier pequeño fanatismo”. (V.P., 29).
3.7.-“El nihilismo tiene doble sentido:
A) El nihilismo como signo de creciente poder del espíritu: nihilismo activo.
B) El nihilismo como decadencia y retroceso del poder del espíritu: nihilismo pasivo”. (V.P., 22)

3.8.-“El nihilismo no es solamente una meditación sobre ese «en vano» no es solamente el hábito de creer que todo merece perecer: el nihilismo pone mano a la obra también, destruye... Esto es, si se quiere, ilógico; pero el nihilismo no se cree en la necesidad de ser lógico... Condición de espíritus vigorosos y de voluntades fuertes es ésta -y para ellos es imposible detenerse en la negación del «juicio»-: la negación que obra tiene su origen en la naturaleza. El aniquilamiento por el juicio secunda al aniquilamiento por la acción”. (V.P. 24)
“El nihilismo es un síntoma; indica que los desheredados no tienen ya consuelo, que destruyen para ser destruidos, que, separados de la moral, ya no hay razón para que «resignen»; que se colocan en el terreno del principio opuesto y quieren también poder por su parte, forzando a los poderosos a ser verdugos. Esta es la forma europea del budismo, «la negación activa» por la cual la vida ha perdido todo su sentido”. (V.P., 55).
3.9.-“Pensemos ahora esta idea en su forma más terrible: la existencia tal cual es, sin sentido y sin finalidad, pero volviendo constantemente de una manera inevitable, sin un desenlace, en la nada: «El eterno retorno».
Esta es la forma extrema del nihilismo: !la nada (el «absurdo») eterna!” (V.P., 55).
”Para esta «la más grande lucha» es necesaria un «arma» nueva. El martillo: provocar una terrible decisión; poner a Europa frente a las consecuencias, si su voluntad quiere el ocaso.
Guardarse de la mediocridad. !Antes la muerte!” (V.P., 1053).
“Una moral y una doctrina pesimistas, un nihilismo extático, pueden en ciertas circunstancias ser indispensables precisamente al filósofo: en calidad de una potente presión y de un martillo con que despedazar razas degeneradas y moribundas, y quitarlas de enmedio para abrir el camino a un nuevo orden de vida, o inspirar el deseo del fin a lo que degenere.

martes, 9 de octubre de 2007

FRIEDRICH NIETZSCHE (1844-1900): DEL ARTE AL ARTISTA
Nietzsche es un filósofo solitario, extraño, difícilmente penetrable. Ahí está su grandeza y también su miseria, que él mismo reconocía en un aforismo autobiográfico: “Quien sigue un camino propio no se encuentra nunca con nadie: es lo que tienen los caminos propios. Que nadie sale a socorrerte”. Es infrecuente, pues, encontrar en la historia de la filosofía un sistema que mantenga constante su capacidad para seducir y repugnar y que haya servido como bandera a grupos tan contrapuestos como expresionistas, anarquistas, fascistas, dadaístas etc.

Así pues, Nietzsche no ha dejado de tener vigencia e influencia en la filosofía posterior. Cuando advertía sarcásticamente, entre profeta y bufón, “mi genio está en mi nariz”, nadie reconocía en esa frase una capacidad premonitoria para “olfatear” la inminencia de las catástrofes. Si acertó por azar o intuyó el ambiente enrarecido en el que Europa se iba sumergiendo lentamente nunca podremos saberlo. Sin embargo, sí sabemos que intentó –posiblemente siendo consciente de las grandes convulsiones de nuestro siglo- demoler “a martillazos” los ídolos de la mentira moral que impedían la afirmación de la vida.

Su filosofía ha tenido tantos efectos en la desintegración individual y colectiva que dirijas tu mirada a un lado u otro de su filosofía el resultado siempre es muy actual. Si bien hay aspectos del pensamiento de Nietzsche que atraviesan toda la modernidad filosófica: muerte de Dios, nihilismo, voluntad de poder etc, voy a centrar mi reflexión en torno a la experiencia estética que en Nietzsche adquiere rasgos heroicos. Este tema singular puede generar equívocos, pues normalmente no solemos reconocerla como un aspecto muy importante de su filosofía al no estar elaborada sistemáticamente. Sin embargo, un dato a su favor es que ha inspirado a pensadores de la talla de Thomas Mann o André Gide, y a filósofos como Heidegger, Deleuze o Derrida.

LA METAFÍSICA DE «ARTISTA»
El punto de partida del filósofo –situado al comienzo de su camino- se halla caracterizado por un problema estético-psicológico. Nietzsche que se siente extraño a la tradición del pensamiento conceptual del ser, tiene que renunciar a los métodos tradicionales de la filosofía clásica; para ello, oculta su filosofar bajo estética y psicología. Contempla el mundo como un juego trágico y para comprenderlo, la estética se convierte en Organon de la filosofía, la llave que abre y proporciona la comprensión. La teoría estética de la tragedia antigua desvela así la esencia de lo existente en su integridad.

En general, se suele asociar la estética de Nietzsche al dualismo entre lo apolíneo y lo dionisíaco que constituye el tema central de su primer libro El Nacimiento de la tragedia. Sin embargo, la estética de Nietzsche acepta dionisíacamente la inherente sensualidad de la existencia humana, una estética que capta que la vida en esencia es lucha, brutalidad, injusticia, desigualdad y que acaba en muerte inconsolable, pero a pesar de todo tiene el coraje de enfrentarse a la vida tal como es. El configurar y el exponer artístico está, por su propia esencia, fundado en el ámbito de lo sensible; el arte es la afirmación de lo sensible. Por esto, contrapone Nietzsche el socratismo en la moral, la dialéctica, la insuficiencia y la seguridad del hombre teórico, como el significado de la decadencia, frente al fenómeno prodigioso de lo dionisíaco y la tragedia nacida de él, que corresponde a la época más feliz, más valiente de los griegos.

El punto de partida -ya de por sí singular- identifica la experiencia estética con un instinto que responde a valores biológicos que consolidan al ser humano dentro del ciclo de la existencia. La estética se desliza desde una perspectiva histórica hasta otra más singular y vital. Si la vida no tiene sentido, la conciencia de esa falta de sentido nos obliga a buscarle uno, que al no existir debemos crear. Así, el arte –elemento fundamental para la creación- se convierte en la pieza clave de la filosofía. Lo bello sería todo lo que es útil, necesario, beneficioso para vivir. Lo bello intensifica la vida, la vida de cada cual, y por ello, cada cual tiene el protagonismo de su propia ley y la obligación de inventar su camino. Cada cuerpo es voluntad de poder, capacidad concreta de cada individuo para determinar su destino.

EL GRAN ESTILO DE CREAR VIDA
Por eso, para Nietzsche la experiencia estética debe ser identificada como un instinto, un instinto que responde a valores biológicos de conservación, o lo que es lo mismo un instinto que asienta al hombre en la naturaleza, permitiéndole sobrevivir en el medio, así, juzga en términos de salud y enfermedad, cargando todo su peso en la temática de la pretendida decadencia del arte moderno. La embriaguez, la intensificación de la fuerza y el sentimiento de plenitud son las condiciones del arte auténtico, que se constituye en el gran remedio para el nihilismo occidental.

El arte se convierte en la pieza clave, el modo genuino de acceder a la verdad del mundo, a la realidad: el arte tiene, así, más valor que la verdad. Heidegger sabe ver esta distinción sutil cuando concluye con respecto a la estética de Nietzsche, “el arte en cuanto transfiguración acrecienta la vida más que la verdad en cuanto fijación de un parecer”. Ver la vida o la ciencia «desde la perspectiva del artista» quiere decir: apreciarla según su fuerza creadora, no según su utilidad inmediata ni según un significado eterno, pero vacío.

Ser artista significa poder acceder a lo que son las cosas del modo más directo, ser artista significa producir algo, situarse entre lo que antes no era nada y ahora es algo: crear es producir. El artista produce y transforma, no es una mera acción del individuo, ni un entretenimiento, es Voluntad de Poder, es vida que es lo que más directamente expresa el “Ser”. Lo paradójico de todo este asunto nietzscheano es que toda vida es muerte, porque la vida es un proceso que incluye un deslizamiento ineludible hacia la muerte.

Por primera vez se pone el acento del Arte en el creador. El artista como creador y el arte como tarea creadora, ambos son expresión de esa creatividad originaria que llamamos vida. En efecto, la importancia prioritaria de la estética para la vida humana comienza por la afirmación, ya referida sobre el conocimiento, de reconocer el valor de los sentidos, como despliegue de la naturaleza, de lo que los griegos denominaban physis. Una filosofía de la naturaleza donde se mezclan elementos vivientes, humanos, metafísicos y creaciones culturales sin discontinuidad. Cuando el arte no es un añadido placentero, sino la tarea más elevada y la actividad propiamente metafísica de la vida.

Por eso, Nietzsche dirá que el mundo del arte, de la apariencia, el mundo sensible es prevalente, tiene más valor que el mundo de la «Verdad platónica», el nihilismo que se produce cuando los principios sobre los que descansaba la metafísica de Occidente se descubren falsos, cuando desaparecen las verdades eternas, abre el camino a la creatividad artística. La revolución nietzcheana inacabada tiene la creatividad como punto de partida, pues el vivir artista se concreta en la transmutación (transvaloración) de los valores, que no es quedarse sin valores, sino en crear valores, sólo los que yo construyo son preciosos, sólo los que yo pongo tienen “valor”.

LA EXISTENCIA COMO FENÓMENO ESTÉTICO
Desde este punto de vista singular, el valor es la condición previa para la vida. La vida merece la pena solo si es valiosa. Antes se miraba al más allá, ahora la vida es la que sirve de referencia. Esa es la voluntad de poder. La vida es voluntad de poder que aparece en todas las manifestaciones de la vida, pero hay un ámbito en el que esa forma de hacer es privilegiada: es el arte. En la gaya ciencia (107) el propio Nietzsche sintetiza esta idea claramente “la existencia nos resulta soportable como fenómeno estético,, y el arte nos da ojos y manos, y sobre todo tranquilidad de conciencia para poder crear nosotros mismos ese fenómeno.

La estética del filósofo nihilista cuenta con influencias de tres personajes: Darwin, Lamarck y por supuesto Freud. La teoría sobre la belleza está unida al ciclo evolutivo que ya en su día expusieron los autores citados. Según ellos, la principal característica del ciclo de la naturaleza era la constante lucha por la vida que había entre las especies, en la que el instinto jugaba un papel preponderante. La especie con mejores cualidades para adaptarse al medio, sería la triunfante, y por lo tanto, la superviviente. En la experiencia estética el instinto está por encima de la razón porque es más próximo, no razona, sólo ve las consecuencias y responde a una necesidad que es vivir. Mi vida debe ser obra de arte, cuando surge algo de uno mismo sea lo que sea, bello, feo, exótico o cruel no sólo se mantiene lo estético también queda implícito en ello los elementos culturales que inspiran tales adjetivos. Hay que celebrar la vida con todo el dolor que ésta puede arrastrar consigo.

La tarea de Nietzsche es desenmascarar a aquellos que creen que lo importante está en otro lugar que no es la vida. En el cielo, en el infierno o en el heroísmo o la santidad, nada de eso merece la pena, la vida, la vida como juego, pero juego como el del niño que crea y asume su función de crear. En cierto modo, vuelve la espalda a aquellas filosofías que enseñan a vivir con unas normas externas e inhumanas. Somos nosotros hacedores de vida los que creamos los juegos y las normas que los han de regir, y es desde el arte desde donde surgen mejores frutos para ella. Es nuestra voluntad de poder, en definitiva, la clave para la creación de la vida desde el arte.

EL ARTE EXPRESIÓN DE LA VOLUNTAD DE PODER
Valoramos la vida desde el arte, esta función privilegiada del arte puede perfilarse en cinco tesis:
1/ El fenómeno artista es el más transparente, significa que es el más accesible a nosotros mismos. A través del arte nos asomamos al mundo.
2/ El arte debe ser comprendido desde el punto de vista del artista, no de la creación. No es la obra lo importante sino la voluntad de poder del artista, voluntad de poder afán de reforma en el hombre.
3/ Si el arte surge como “expresión” de la voluntad de poder, la creatividad es la esencia de la vida. El mundo es una obra de arte que se engendra a sí mismo. Todo hombre es artista con tal de que se de cuenta que no es naturaleza.
4/ El arte constituye el movimiento contrario al nihilismo, la antítesis. A partir del arte debe iniciarse la subversión contra todos los valores establecidos. El arte debe ponerse en lugar de la religión, la moral, la filosofía etc. El arte niega la trascendencia y la inmanencia, niega la concepción establecida del mundo; el arte opera y afirma la sensibilidad.
5/ El arte tiene más valor que la verdad. Esto quiere decir que la verdad se da en lo sensible donde se mueve el arte (lo sensible no entendido como opuesto a lo supra-sensible donde según la tradición se da la verdad).

El acento cae sobre la praxis estética humana antes que sobre las obras de arte acumuladas anti-natural y anti-culturalmente en museos. Por eso lo que se propone es realizar la propia vida efectivamente como la mejor obra de arte. Esto equivale a valorar no sólo la belleza de la obra hecha, sino antes la belleza del sentir, del vivir y del hacer bellamente.

Este estado estético tiene dos caras, la actividad representada por el artista, y la visión representada por el contemplador del arte. La función del segundo es recrear la obra de arte, con lo que la condición del contemplador es sentir ese mismo proceso creativo del artista. Dicho de otra forma, todos somos artistas en la medida en que la obra de arte produce un efecto de acción reacción que es creativo. La belleza del arte no está en la obra, no es una cualidad del objeto, sino que actúa como desencadenante dentro y fuera de ella misma, de la acción de todos nosotros. No se puede hablar de subjetivo (artista) y objetivo (obra), todo es acción “artista”, crear es un producir donde la belleza se despliega en una forma que está en proceso continuo (porque genera de nuevo acciones). Existe, pues, un compromiso vital en el artista, convertir su vida en actividad productora, es decir, en una obra de arte, en la obra de arte.

En conclusión, la filosofía de Nietzsche está oculta en sus escritos, disfrazada por el esplendor de su lenguaje y de su estilo, dispersa a veces en la inconexión de sus aforismos. Sin embargo, el núcleo de su obra es básicamente una polémica filosófica: su revisión de todos los valores le lleva a la denuncia contra la violación de la realidad perpetrada por el pensamiento conceptual. Esta nueva radicalidad va acompañada de la demolición de la metafísica occidental y la formulación de una nueva experiencia originaria del ser que emerge entre las ruinas del racionalismo.

Nietzsche significa no sólo honradez ante la catástrofe, “no donde vuestro ojo cesa de conocer, sino allí donde vuestra honradez intelectual deja de actuar, es donde vuestro ojo deja de ver, sino la sospecha de que el camino recorrido por el hombre occidental a lo largo de dos milenios es puro extravío. De ahí su repulsa pertinente de todas las tradiciones, y la invitación a renunciar a todo lo que en el pasado se ha considerado como santo, bueno y verdadero.