
NOTA: Estoy contento con el nivel de comentarios aunque podéis mejorar, voy a intentar colgar el blog en la página web de la facultad para que todos los alumnos puedan ver vuestro trabajo.
A ver qué pensáis de este texto de Nietzsche de la Voluntad de Poder (VP)
"¿Qué significa hoy para nosotros una existencia filosófica? ¿No es casi un medio de arrojar la toalla? ¿Una especie de evasión? Y aquel que vive de tal suerte, apartado y en total sencillez, ¿es verosímil que haya indicado el mejor camino a seguir para su propio conocimiento? ¿Acaso no le habría hecho falta haber experimentado cien maneras diferentes de vivir para autorizarse a hablar del valor de la vida? En resumen, pensamos que hay que haber vivido de forma totalmente "antifilosófica", según las nociones recibidas hasta ahora, y sobre todo no como intransigente virtuoso -para juzgar los grandes problemas a partir de experiencias vividas-. El hombre de experiencias más vastas que las condensa en conclusiones generales: ¿no sería preciso que fuese el hombre más poderoso? Se ha confundido durante mucho tiempo el Sabio con el hombre científico y durante mucho más tiempo todavía con el hombre educado religiosamente" (VP).

4 comentarios:
Ser filósofo hoy
La filosofía ha sido y continúa siendo tachada de rara, difícil, aburrida, absurda, e incluso considerada como propia de mentes privilegiadas, o al menos, “poco comunes” dentro de la sociedad. Dicha concepción, la cual ha conseguido aterrorizar a jóvenes estudiantes a la hora de enfrentarse a ella como asignatura, es fruto del desconocimiento que la mayor parte de la población tiene de la función y/o finalidades de la misma. De ahí que la actividad del filósofo tan sólo sea reconocida, en la mayoría de los casos, por otros filósofos.
Quizás, lo más curioso es que, precisamente, aquellas personas que muestran abiertamente su recelo hacia la filosofía no advierten que ellas mismas son, en mayor o menor medida, “filósofos” o “filósofas”. Y lo son porque en su vida diaria reflexionan sobre los acontecimientos que tienen lugar en ella, deciden, es decir, miden las distintas posibilidades y se decantan por una de ellas, y son capaces de aportar ideas útiles y originales que permitan mejorar su existencia. En resumen podemos afirmar que, con distinta asiduidad, todas ellas piensan.
El problema surge cuando dejamos de dirigir nuestra vida, y permitimos que sean valores externos a nosotros los que la conduzcan; es decir, cuando aceptamos sin cuestionarnos los principios morales de una religión, las noticias de los medios de comunicación o los avances habidos en la ciencia, entre otros muchos ejemplos. Cuando esto ocurre, dejamos inmediatamente de ser “filósofos”, es decir, de pensar de forma independiente, y nos unimos a la creencia aceptada y defendida por un determinado grupo de población.
Hoy en día es más fácil y más cómodo optar por esta segunda opción, aquella en la que no tenemos que forzar nuestra mente, en la que no somos nosotros los que cuestionamos las cosas, sino que simplemente nos dedicamos a fingir que estamos de acuerdo con lo que dicen los demás. Únicamente cuando seamos capaces de dejar a un lado la posición relajada que ocupamos en el momento actual, seremos capaces de ver la filosofía como una actividad, no sólo curiosa y entretenida, sino además, cargada de valores positivos, así como de gran ayuda para abrirnos camino en la realidad actual.
Ser filósofo hoy
La visión del filósofo que describe Nietzsche es muy distinta a la que tradicionalmente se ha mantenido; así, para este autor de la sospecha el filósofo o Sabio es aquel que ha vivido todas las experiencias posibles, de esta manera podrá llegar a formular conclusiones generales. Por el contrario, a lo largo del tiempo, se ha considerado que aquella persona, cuya vida la ha pasado en soledad, o según unas normas religiosas o simplemente, un científico era un Sabio.
En relación con esta perspectiva sobre el filósofo, me viene a la memoria un dicho popular: “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. Con esto quiero decir, que las personas podremos considerarnos sabias una vez que hayamos experimentado en gran manera en nuestra vida, cuando hayamos VIVIDO. Por eso, de acuerdo con Nietzsche, aquellas personas que quieran ser un filósofo deben de poseer un gran cúmulo de experiencias, que le ayuden a comprender nuestro mundo, y de esta manera aportar soluciones a los problemas actuales de la sociedad. Vivimos en un mundo donde prima el utilitarismo, por lo que ya no nos sirven aquellos pensadores que formulaban grandes teorías sobre la realidad, siempre ajenas de la vida, ahora lo que interesa es que el filósofo nos aporte remedios.
En cuanto a la opinión expresada por Silvia sobre este texto, difiero con ella en el punto de que ella considera que todo el mundo filosofea de alguna manera, al tener que reflexionar sobre determinadas cosas, puesto que en la vida se suceden una serie de decisiones. Es cierto que el hombre recapacita, decide, inventa soluciones, en definitiva, razona pero.... ¿no es esta la principal característica del ser humano? ¿no es lo que nos diferencia del resto de animales? Aun así no todas las personas son consideradas filósofas, estas personas intentan ir más allá de unas simples decisiones, intentan comprender el mundo, darle una explicación... Por ejemplo, una persona pierde el autobús, reflexiona un momento sobre cual es el próximo paso a seguir, y luego decide llamar a un taxi. Como se observa, este proceso no tiene nada que ver con una meditación sobre la causa de la pobreza, el creciente sentimiento de soledad en un mundo cada vez más homogéneo, la constitución de la realidad etc., problemas que interesan al filósofo.
Por otra parte, estoy de acuerdo en que la sociedad está constituida por líderes, y personas que se dejan guiar. Es cierto, que es mucho más fácil seguir a una persona que pensar por uno mismo; así los cristianos siguen las doctrinas de Jesús, los budistas a Buda, etc., por lo que podemos encontrar la crítica que realiza Nietzsche sobre la actitud de la sociedad occidental. Pero la única manera de dejar de ser un rebaño guiado por un pastor, y, así poder ser humanos, debemos de buscar nuestro propio camino, crear nuestros valores, en definitiva, abrazar a la vida, no escapar de ella mediante un paraíso, un mundo de las ideas, etc.
Ser filósofo hoy
Como respuesta al comentario de Inés, haré hincapié en dos de los aspectos destacados en el texto:
Primero, me gustaría defenderme del ataque que profiere a mi reflexión previa sobre dicho artículo. En su exposición señala que el razonar, el decidir, el recapacitar, en definitiva, el pensar, es una actividad propia de los seres humanos que, según ella misma apunta, “nos diferencia del resto de animales”. Ahora bien, esta facultad del hombre no es suficiente para que pueda ser calificado como filósofo, sino que hay que desarrollarla y orientarla de forma que demos un sentido a nuestra vida. Hasta aquí estoy de acuerdo con ella. Lo que creo que no he sido capaz de determinar es cuándo, o mejor dicho, a partir de qué momento o actitud puede calificarse a una persona de filósofa.
Te remito a mi comentario para que observes que cuando hacia referencia a las pequeñas reflexiones del día a día, no hablaba de filósofo, sino de “filósofo” entre comillas; puesto que como tú muy bien expones con el ejemplo del autobús, la decisión de tomar un taxi no es precisamente filosofar, es más bien, buscar la solución inmediata a una situación imprevista. Mientras que la filosofía, por su parte, no se basa en la improvisación, sino al contrario, en la meditación, en la reflexión. Pero en cierta medida, en estas decisiones sin importancia, es decir, sin grandes repercusiones, es donde se empieza a crear un pensamiento propio, independiente, que con el tiempo, puede llevarnos a tomar decisiones más trascendentales.
Estamos acostumbrados a la rutina, a que la vida se nos presente del mismo modo todos los días. Y sólo en situaciones imprevistas o de peligro es cuando realmente nos paramos a reflexionar. Mientras tanto nos limitamos a seguir una vida cómoda en la que nos dejamos llevar, puesto que es mejor que piensen por nosotros los demás. Y eso sí, en cuanto los demás ya no son capaces de darnos una solución convincente a nuestros problemas, ahí estará la religión como respuesta final. La mayor parte de la población no nos cuestionamos lo que ocurre ni por qué ocurre, pensamos que pasa porque tiene que pasar, que son la suerte y el destino los que determinan los acontecimientos que tienen lugar en la vida, cuando en realidad somos nosotros mismos los dueños de nuestra existencia.
Una vez nos demos cuenta de hasta dónde es capaz de llegar nuestra capacidad de decisión y de reflexión, no sólo en cuestiones cotidianas, puesto que esto quizá habría que tomarlo sólo como el origen o el principio de un pensamiento independiente, y seamos capaces de emplearla para darle un sentido propio a nuestra vida, es entonces cuando podremos hablar de individuos no influenciados y manipulados por creencias o por líderes, como señalaba Inés, sino de personas, ahora sí, sin comillas, filósofas.
En segundo lugar, me gustaría señalar el desacuerdo con mi compañera con la relación que establece entre el dicho “más sabe el diablo por viejo, que por diablo” con el filósofo. Parece dar a entender que sólo aquellas personas con más edad, y por tanto, con mayor número de experiencias, pueden ser consideradas filósofas. Cuando en realidad, el ser filósofo no depende del mayor o menor número de experiencias en la vida, ni mucho menos de la edad, sino del modo en que éstas han sido vividas. Así, nos convertiremos en verdaderos filósofos, ya seamos jóvenes, adultos o pertenecientes a la población senil, cuanto más orientemos de manera propia nuestra vida.
No existen las condiciones adecuadas hoy en día para la filosofía como disciplina. Es evidente que no tenemos tiempo para responder a nuestros alrededores por causa de los avances tecnológicos. A mí me parece importante que cada uno se hace filosofo en su día cotidiano. Es decir, todos deberían pensar en los acontecimientos diarios en una manera más profunda. El problema es que la cantidad de cosas superficiales que nos rodean como por ejemplo el Internet, la caja tonta… Todos son llenos de publicidades y programas sin un contenido con importancia y que no provocan una reacción intelectual.
Además, en el mundo Occidental, vivimos en comodidad que, según Friedrich Nietzsche, no es un ambiente ideal para cultivar una cosmovisión profunda. Para el, faltamos “la pasión” y necesitamos “sufrir para las cuestiones”. (AC- 8).
Es más, se puede decir que este fenómeno de lo superficial influye también en el ámbito político. La diferencia entre los partidos de la derecha y los de la izquierda, sobre todo en Inglaterra, es cada vez más estrecho a fin de que se preocupen más por la imagen pública que sus políticas. Por fin, los políticos tratan con condecente al público en sus campañas.
Desde mi punto de vista personal, la filosofía no tiene un valor útil en la sociedad moderna-- es decir no tiene ningún valor productivo ni material—sino pertenece al ámbito artístico. Por un ejemplo, la obra de Nietzsche que yo estudiaba “El Anticristo” significa un libro de ciencia ficción. La imagen de un mundo sin la autoridad de la iglesia es, para mi, muy creativo y muy imaginativo.
En el prefacio exige a su lectores “háganse Hyperboreanos” que significa la habilidad de elevarse de su sociedad y su contexto histórico en un lugar situado fuera, desde el que poder contemplarlo mirando hacia abajo y a mimo tiempo mantener una punta de vista objetiva e imparcial- eso es para mi lo que significa un filosofo hoy en día.
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