martes, 9 de octubre de 2007

FRIEDRICH NIETZSCHE (1844-1900): DEL ARTE AL ARTISTA
Nietzsche es un filósofo solitario, extraño, difícilmente penetrable. Ahí está su grandeza y también su miseria, que él mismo reconocía en un aforismo autobiográfico: “Quien sigue un camino propio no se encuentra nunca con nadie: es lo que tienen los caminos propios. Que nadie sale a socorrerte”. Es infrecuente, pues, encontrar en la historia de la filosofía un sistema que mantenga constante su capacidad para seducir y repugnar y que haya servido como bandera a grupos tan contrapuestos como expresionistas, anarquistas, fascistas, dadaístas etc.

Así pues, Nietzsche no ha dejado de tener vigencia e influencia en la filosofía posterior. Cuando advertía sarcásticamente, entre profeta y bufón, “mi genio está en mi nariz”, nadie reconocía en esa frase una capacidad premonitoria para “olfatear” la inminencia de las catástrofes. Si acertó por azar o intuyó el ambiente enrarecido en el que Europa se iba sumergiendo lentamente nunca podremos saberlo. Sin embargo, sí sabemos que intentó –posiblemente siendo consciente de las grandes convulsiones de nuestro siglo- demoler “a martillazos” los ídolos de la mentira moral que impedían la afirmación de la vida.

Su filosofía ha tenido tantos efectos en la desintegración individual y colectiva que dirijas tu mirada a un lado u otro de su filosofía el resultado siempre es muy actual. Si bien hay aspectos del pensamiento de Nietzsche que atraviesan toda la modernidad filosófica: muerte de Dios, nihilismo, voluntad de poder etc, voy a centrar mi reflexión en torno a la experiencia estética que en Nietzsche adquiere rasgos heroicos. Este tema singular puede generar equívocos, pues normalmente no solemos reconocerla como un aspecto muy importante de su filosofía al no estar elaborada sistemáticamente. Sin embargo, un dato a su favor es que ha inspirado a pensadores de la talla de Thomas Mann o André Gide, y a filósofos como Heidegger, Deleuze o Derrida.

LA METAFÍSICA DE «ARTISTA»
El punto de partida del filósofo –situado al comienzo de su camino- se halla caracterizado por un problema estético-psicológico. Nietzsche que se siente extraño a la tradición del pensamiento conceptual del ser, tiene que renunciar a los métodos tradicionales de la filosofía clásica; para ello, oculta su filosofar bajo estética y psicología. Contempla el mundo como un juego trágico y para comprenderlo, la estética se convierte en Organon de la filosofía, la llave que abre y proporciona la comprensión. La teoría estética de la tragedia antigua desvela así la esencia de lo existente en su integridad.

En general, se suele asociar la estética de Nietzsche al dualismo entre lo apolíneo y lo dionisíaco que constituye el tema central de su primer libro El Nacimiento de la tragedia. Sin embargo, la estética de Nietzsche acepta dionisíacamente la inherente sensualidad de la existencia humana, una estética que capta que la vida en esencia es lucha, brutalidad, injusticia, desigualdad y que acaba en muerte inconsolable, pero a pesar de todo tiene el coraje de enfrentarse a la vida tal como es. El configurar y el exponer artístico está, por su propia esencia, fundado en el ámbito de lo sensible; el arte es la afirmación de lo sensible. Por esto, contrapone Nietzsche el socratismo en la moral, la dialéctica, la insuficiencia y la seguridad del hombre teórico, como el significado de la decadencia, frente al fenómeno prodigioso de lo dionisíaco y la tragedia nacida de él, que corresponde a la época más feliz, más valiente de los griegos.

El punto de partida -ya de por sí singular- identifica la experiencia estética con un instinto que responde a valores biológicos que consolidan al ser humano dentro del ciclo de la existencia. La estética se desliza desde una perspectiva histórica hasta otra más singular y vital. Si la vida no tiene sentido, la conciencia de esa falta de sentido nos obliga a buscarle uno, que al no existir debemos crear. Así, el arte –elemento fundamental para la creación- se convierte en la pieza clave de la filosofía. Lo bello sería todo lo que es útil, necesario, beneficioso para vivir. Lo bello intensifica la vida, la vida de cada cual, y por ello, cada cual tiene el protagonismo de su propia ley y la obligación de inventar su camino. Cada cuerpo es voluntad de poder, capacidad concreta de cada individuo para determinar su destino.

EL GRAN ESTILO DE CREAR VIDA
Por eso, para Nietzsche la experiencia estética debe ser identificada como un instinto, un instinto que responde a valores biológicos de conservación, o lo que es lo mismo un instinto que asienta al hombre en la naturaleza, permitiéndole sobrevivir en el medio, así, juzga en términos de salud y enfermedad, cargando todo su peso en la temática de la pretendida decadencia del arte moderno. La embriaguez, la intensificación de la fuerza y el sentimiento de plenitud son las condiciones del arte auténtico, que se constituye en el gran remedio para el nihilismo occidental.

El arte se convierte en la pieza clave, el modo genuino de acceder a la verdad del mundo, a la realidad: el arte tiene, así, más valor que la verdad. Heidegger sabe ver esta distinción sutil cuando concluye con respecto a la estética de Nietzsche, “el arte en cuanto transfiguración acrecienta la vida más que la verdad en cuanto fijación de un parecer”. Ver la vida o la ciencia «desde la perspectiva del artista» quiere decir: apreciarla según su fuerza creadora, no según su utilidad inmediata ni según un significado eterno, pero vacío.

Ser artista significa poder acceder a lo que son las cosas del modo más directo, ser artista significa producir algo, situarse entre lo que antes no era nada y ahora es algo: crear es producir. El artista produce y transforma, no es una mera acción del individuo, ni un entretenimiento, es Voluntad de Poder, es vida que es lo que más directamente expresa el “Ser”. Lo paradójico de todo este asunto nietzscheano es que toda vida es muerte, porque la vida es un proceso que incluye un deslizamiento ineludible hacia la muerte.

Por primera vez se pone el acento del Arte en el creador. El artista como creador y el arte como tarea creadora, ambos son expresión de esa creatividad originaria que llamamos vida. En efecto, la importancia prioritaria de la estética para la vida humana comienza por la afirmación, ya referida sobre el conocimiento, de reconocer el valor de los sentidos, como despliegue de la naturaleza, de lo que los griegos denominaban physis. Una filosofía de la naturaleza donde se mezclan elementos vivientes, humanos, metafísicos y creaciones culturales sin discontinuidad. Cuando el arte no es un añadido placentero, sino la tarea más elevada y la actividad propiamente metafísica de la vida.

Por eso, Nietzsche dirá que el mundo del arte, de la apariencia, el mundo sensible es prevalente, tiene más valor que el mundo de la «Verdad platónica», el nihilismo que se produce cuando los principios sobre los que descansaba la metafísica de Occidente se descubren falsos, cuando desaparecen las verdades eternas, abre el camino a la creatividad artística. La revolución nietzcheana inacabada tiene la creatividad como punto de partida, pues el vivir artista se concreta en la transmutación (transvaloración) de los valores, que no es quedarse sin valores, sino en crear valores, sólo los que yo construyo son preciosos, sólo los que yo pongo tienen “valor”.

LA EXISTENCIA COMO FENÓMENO ESTÉTICO
Desde este punto de vista singular, el valor es la condición previa para la vida. La vida merece la pena solo si es valiosa. Antes se miraba al más allá, ahora la vida es la que sirve de referencia. Esa es la voluntad de poder. La vida es voluntad de poder que aparece en todas las manifestaciones de la vida, pero hay un ámbito en el que esa forma de hacer es privilegiada: es el arte. En la gaya ciencia (107) el propio Nietzsche sintetiza esta idea claramente “la existencia nos resulta soportable como fenómeno estético,, y el arte nos da ojos y manos, y sobre todo tranquilidad de conciencia para poder crear nosotros mismos ese fenómeno.

La estética del filósofo nihilista cuenta con influencias de tres personajes: Darwin, Lamarck y por supuesto Freud. La teoría sobre la belleza está unida al ciclo evolutivo que ya en su día expusieron los autores citados. Según ellos, la principal característica del ciclo de la naturaleza era la constante lucha por la vida que había entre las especies, en la que el instinto jugaba un papel preponderante. La especie con mejores cualidades para adaptarse al medio, sería la triunfante, y por lo tanto, la superviviente. En la experiencia estética el instinto está por encima de la razón porque es más próximo, no razona, sólo ve las consecuencias y responde a una necesidad que es vivir. Mi vida debe ser obra de arte, cuando surge algo de uno mismo sea lo que sea, bello, feo, exótico o cruel no sólo se mantiene lo estético también queda implícito en ello los elementos culturales que inspiran tales adjetivos. Hay que celebrar la vida con todo el dolor que ésta puede arrastrar consigo.

La tarea de Nietzsche es desenmascarar a aquellos que creen que lo importante está en otro lugar que no es la vida. En el cielo, en el infierno o en el heroísmo o la santidad, nada de eso merece la pena, la vida, la vida como juego, pero juego como el del niño que crea y asume su función de crear. En cierto modo, vuelve la espalda a aquellas filosofías que enseñan a vivir con unas normas externas e inhumanas. Somos nosotros hacedores de vida los que creamos los juegos y las normas que los han de regir, y es desde el arte desde donde surgen mejores frutos para ella. Es nuestra voluntad de poder, en definitiva, la clave para la creación de la vida desde el arte.

EL ARTE EXPRESIÓN DE LA VOLUNTAD DE PODER
Valoramos la vida desde el arte, esta función privilegiada del arte puede perfilarse en cinco tesis:
1/ El fenómeno artista es el más transparente, significa que es el más accesible a nosotros mismos. A través del arte nos asomamos al mundo.
2/ El arte debe ser comprendido desde el punto de vista del artista, no de la creación. No es la obra lo importante sino la voluntad de poder del artista, voluntad de poder afán de reforma en el hombre.
3/ Si el arte surge como “expresión” de la voluntad de poder, la creatividad es la esencia de la vida. El mundo es una obra de arte que se engendra a sí mismo. Todo hombre es artista con tal de que se de cuenta que no es naturaleza.
4/ El arte constituye el movimiento contrario al nihilismo, la antítesis. A partir del arte debe iniciarse la subversión contra todos los valores establecidos. El arte debe ponerse en lugar de la religión, la moral, la filosofía etc. El arte niega la trascendencia y la inmanencia, niega la concepción establecida del mundo; el arte opera y afirma la sensibilidad.
5/ El arte tiene más valor que la verdad. Esto quiere decir que la verdad se da en lo sensible donde se mueve el arte (lo sensible no entendido como opuesto a lo supra-sensible donde según la tradición se da la verdad).

El acento cae sobre la praxis estética humana antes que sobre las obras de arte acumuladas anti-natural y anti-culturalmente en museos. Por eso lo que se propone es realizar la propia vida efectivamente como la mejor obra de arte. Esto equivale a valorar no sólo la belleza de la obra hecha, sino antes la belleza del sentir, del vivir y del hacer bellamente.

Este estado estético tiene dos caras, la actividad representada por el artista, y la visión representada por el contemplador del arte. La función del segundo es recrear la obra de arte, con lo que la condición del contemplador es sentir ese mismo proceso creativo del artista. Dicho de otra forma, todos somos artistas en la medida en que la obra de arte produce un efecto de acción reacción que es creativo. La belleza del arte no está en la obra, no es una cualidad del objeto, sino que actúa como desencadenante dentro y fuera de ella misma, de la acción de todos nosotros. No se puede hablar de subjetivo (artista) y objetivo (obra), todo es acción “artista”, crear es un producir donde la belleza se despliega en una forma que está en proceso continuo (porque genera de nuevo acciones). Existe, pues, un compromiso vital en el artista, convertir su vida en actividad productora, es decir, en una obra de arte, en la obra de arte.

En conclusión, la filosofía de Nietzsche está oculta en sus escritos, disfrazada por el esplendor de su lenguaje y de su estilo, dispersa a veces en la inconexión de sus aforismos. Sin embargo, el núcleo de su obra es básicamente una polémica filosófica: su revisión de todos los valores le lleva a la denuncia contra la violación de la realidad perpetrada por el pensamiento conceptual. Esta nueva radicalidad va acompañada de la demolición de la metafísica occidental y la formulación de una nueva experiencia originaria del ser que emerge entre las ruinas del racionalismo.

Nietzsche significa no sólo honradez ante la catástrofe, “no donde vuestro ojo cesa de conocer, sino allí donde vuestra honradez intelectual deja de actuar, es donde vuestro ojo deja de ver, sino la sospecha de que el camino recorrido por el hombre occidental a lo largo de dos milenios es puro extravío. De ahí su repulsa pertinente de todas las tradiciones, y la invitación a renunciar a todo lo que en el pasado se ha considerado como santo, bueno y verdadero.

4 comentarios:

deli dijo...

¿No hay una paradoja imposible en la filosofía de Nietzsche? ¿Cómo se puede renunciar toda la verdad mientras que Nietzsche tiene su propria verdad? La que dice que tenemos que reempezar como si fueramos una 'tabula rasa*', y reconstruir nuestra propria persona con creatividad.

Tal vez esta contradicción aparente no impresionó a Nietzsche, dado que ya la racionalidad no vale para él. Ahora, Podemos pensar, decir y hacer lo que queremos, Nietzsche nos ha dado la libertad absoluta en su poemas de... ¿revalación?

*http://es.wikipedia.org/wiki/Tabula_rasa

Anónimo dijo...

Friedrich Nietzsche (1844-1900): Del arte al artista

El arte, y por tanto, la visión de la vida desde un punto de vista estético, se presenta en el planteamiento de Nietzsche como la única solución al nihilismo en el que se halla inmerso la sociedad. La desaparición de los valores, resumidos en “lo santo, lo bueno y lo verdadero”, provoca que el hombre, como artista, sea el encargado de determinar sus propias normas. Esta capacidad, a partir de la cual el individuo crea su vida, es lo que el filósofo define como “voluntad de poder”.

Por consiguiente, el mundo del arte, es decir, el mundo sensible, que hasta entonces había sido considerado como aparente frente al mundo verdadero de las ideas, tiene para Nietzsche mucho más valor, puesto que a diferencia de este último, el mundo de los sentidos permite el desarrollo de la creatividad. De esta manera, se considera arte no a la obra, es decir, al resultado obtenido por el artista, sino a la acción continua de crear, que es el objetivo fundamental en nuestra vida.

No obstante, la solución que Nietzsche propone para acabar con la situación de nihilismo cuenta con un inconveniente, sólo puede ser puesta en práctica a nivel individual. La libertad creativa de la que goza cada individuo permite que cada uno de nosotros actúe sin pensar en las consecuencias que pueda traer consigo dicha actividad para el resto de la sociedad. Así, algo será bueno o malo, o bien, justo o injusto, en función de la concepción no ideal que cada individuo tenga de dichos valores.

Sin embargo, en este mundo no habitamos solos, sino que debemos convivir con las personas que nos rodean y por tanto, hemos de tratar de conseguir que nuestras acciones se mantengan dentro del orden social preestablecido. A consecuencia de ello, la actividad creativa del individuo definida por el filósofo se ve, en cierto modo, limitada, ya que la acción que él define como arte, puede ser vista por otras personas no precisamente como una producción de belleza.

De esta forma vemos que una población como la nuestra, en la que todavía la religión y la moral se desarrollan y se defienden con fuerza, es difícil, en primer lugar, alcanzar una situación total de nihilismo, es decir, lograr abandonar todos aquellos valores que hemos considerado como supremos hasta ahora; y en segundo lugar, conseguir que seamos nosotros mismos los que, de manera autónoma, creemos nuestras propias normas, cuando a lo que hemos estado acostumbrados es a que éstas ya estén prefijadas por un determinado grupo social.

Joshua dijo...

¿Necesitamos deshacerse el creencia en el lenguaje para que podemos deshacerse el creencia en Dios?

En mi clase de psicología ayer, estudié el trabajo de un psicólogo que se llama B. F. Skinner. Durante su trabajo sobre el análisis experimental del comportamiento humano, se planteo la siguiente ecuación: Estimulo>Respuesta—Consecuencia. Creo que aquella ecuación tiene mucho que ver con la cuestión de creencias y el poder del lenguaje sobre el comportamiento humano. Con eso se rompió con el concepto original de “causa y efecto” e introdujo un elemento nuevo: la consecuencia. Si sea una consecuencia social o, mas importante para nosotros, sea una consecuencia metafísico, se represente una norma encima del individuo y una valor fuera de nosotros. Según Nietzsche estas consecuencias causan una falta de libertad para el individuo.

Además según Nietzsche, las palabras no significan una realidad sino crean una mentira comunal, porque falsifican lo que refieren. Por ejemplo, la palabra “gato” no tiene nada que ver con el objeto, con el animal. Es evidente que no existe ninguna relación intrínseca sola una relación arbitrario. Así podemos observar como el lenguaje se hace una ilusión o una mentira sobre el mundo, pero una mentir en que todos creen para que podamos comunicar.

No solo ponemos nombres a objetos sino también pensamos que estas palabras revelan la verdad. Pero, para Nietzsche, vimos una distorsión del mundo, de una manera separada y sencilla cuando en realidad es un mundo continuo y completo.

Como así también funciona la Religión, porque depende de la calidad emotiva y seductiva del lenguaje. En esta forma se presenta como la verdad más sagrada pero en realidad, según Nietzsche, es la mentira más grande, más oculta y más dañina.

Por fin, necesitamos liberar la gramática y se deshace su poder emotivo para liberar y dar poder al individuo.

Nisunin dijo...

Friedrich Nietzsche (1844-1900)
Del Arte al Artista

Gracias a este texto, la imagen que poseemos de Nietzsche se ve ampliamente modificada; ya no es un simple destructor de las normas morales, valores sobre las que nosotros asentamos nuestra vida, sino que nos aporta una solución, una manera de entenderla y aceptarla tal cual es. Según este pensador alemán, aunque también podemos considerarlo como un poeta, la vida es arte, es decir, en cada una de las partes que la constituyen existe creación.

¿No es una forma maravillosa de entender nuestra vida? Con esta concepción de la realidad somos libres para escoger nuestro camino, para determinar si nuestros actos son buenos o malos, si deseamos unos valores o no... Pero esta creación, innovación de cada uno de los aspectos de nuestra existencia, es difícil llevarla a cabo en nuestro modo de vida; puesto que el ser humano es un animal social, insertado en una comunidad en la que se necesita la colaboración de cada uno de sus miembros para sobrevivir. En consecuencia, la idea del superhombre es poco viable en el mundo actual, puesto que no deseamos la soledad, un mal que ha ido incrementándose en los últimos años.

Por otra parte, la actitud que presenta ante la vida es muy valiente, la vida no es un camino de rosas, sino que está llena de dolor, injusticias, en definitiva, se trata de una lucha; y los que nos dice Nietzsche es que la aceptemos tal cual es, que combatamos, que luchemos por nuestras ideas y convicciones mediante una creación, por lo que todos somos artistas, puesto que transformamos nuestro mundo. Por el contrario, la gran mayoría de las religiones son una forma de escapar de esta vida; aunque es austera, también está llena de momentos felices y agradables por los cuales merece la pena vivirla. Aún así, la creencia en algo que no puedes probar es importante, siempre y cuando no te olvides de vivir, disfrutar, conseguir miles de experiencias; no debes esperar meramente a la muerte, para llegar a un mundo mejor, de esta manera sería mejor no haber nacido, puesto que nuestra existencia no tendría ningún sentido.

En relación con el comentario que ha realizado Delphine sobre este texto, ella considera que existe una paradoja imposible en la filosofía de Nietzsche. Según su opinión Nietzsche afirma que la verdad no existe, pero que él posee una propia: cada uno debe crear sus propios valores a partir de la destrucción del nihilismo. Es cierto que Nietzsche defiende que no existe la verdad, considerándola como esa verdad absoluta creada por Platón; pero lo que siempre nos ha aconsejado es que no aceptemos lo que nos dice sin reflexionar sobre ello, sino que rumiemos su filosofía, Así, si consideramos que este filósofo tiene razón, nosotros crearemos nuestra serie de valores y construiremos nuestra propia verdad; en consecuencia, lo que promulga es un relativismo y no una única verdad sobre la que debemos guiar nuestra conducta.