sábado, 9 de febrero de 2008

Mi concepción de la filosofía


Os recuerdo que debéis dejar un comentario a la entrada anterior. Es necesario como reflexión en estos días de exámenes dejar algún comentario al artículo y adelantar vuestra concepción de la filosofía.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Don Ramón, sabemos que debemos hacer un comentario del texto, pero todavía estamos de exámenes, y estudiando no hemos tenido mucho tiempo... Son excusas, lo sé. No obstante, antes de volver a clase estará el comentario colgado. Un saludo y suerte para todos en los exámenes.

deli dijo...

Mi concepción de la filosofía

Ante todo, la filosofía tiene un origen lejos de este momento actual. La filosofía existía desde el principio de nuestro pensamiento y el hecho de pensar necesariamente evoca un modo de ser filosófico. Por lo tanto, la filosofía parece la primera disciplina, o más bien dicho, una parte integral del ser humano que nos distingue de los otros animales de esta tierra.

Pensar y por consiguiente la filosofía son actividades cerebrales. Lo importancia es que no pensamos únicamente para pensar, para separaros de otras especies, pensamos para vivir, para vivir mejor. La filosofía es como un viaje, una búsqueda de algo nuevo, sobre todo para mejorar la vida – una actividad con significado. Evaluamos nuestra potencial y dirigimos a maximizar nuestras posibilidades. La concepción del futuro que tenemos es el acto de reflexionar que nos conduce al progreso, un camino hacia sus alcances – cualquieras sean. La filosofía es nuestra forma de vivir, desde el momento que preguntamos cual chocolate elegir en el supermercado, expresamos una calidad racional que demuestra la habilidad de actuar desde el pensamiento y no desde el sentido instinto.

Notamente, si la filosofía se representa en cada momento de pensar, es unánime – es una herramienta interna del Homo sapiens sapiens. La diversidad de perspectivas que surgen de cada individuo presenta una imagen compleja y a veces muy confusa de la realidad. Por eso la filosofía tiene una reputación de producir ideas inestables e incompletas. Estoy de acuerdo con este dibujo inevitable de la filosofía, sin embargo, no pienso que es un hecho negativo. Al contrario, la subjetividad de la filosofía es la reflexión más fiel de la caos aparente en el mundo.

Definir la filosofía en totalidad, sus objetivos, su práctica, es una tarea imposible ¿me pregunto si realmente es necesario? Lo que no es filosofía es más obvio. La filosofía no es el resultado de un proceso de estimulo y respuesta como vemos en las ciencias naturales. El tiempo es un elemento clave en la filosofía, pensar sugiere tomar el tiempo de contemplar y no actuar de impulso. Este uso del tiempo extiende nuestras posibilidades, la oportunidad de considerar un momento más allá que el presente significa no solamente una ventana de elección pero además una responsabilidad, una identidad más acentuada del individuo.

La filosofía lucha contra la idea de la tecnología, este nuevo mundo de simplificar las cosas para el ser humano, pero en conformar a la tecnología, ¿no estamos refutando nuestra capacidad filosófica humana? El mero hecho de filosofizar afirma la inteligencia. Considerar la importancia de la filosofía en nuestra definición, de cierta manera las maquinas roban nuestra ocupación en la vida, nuestra razón de ser. Nuestro cerebro no es una máquina, funciona con más complejidad y opuesto a la última, actúa con espontaneidad. Se puede adivinar que funcionamos así según la incertidumbre del futuro, guardamos espacio para lo inconcebible; las ciencias raramente tienen esta adaptación.

En conclusión la filosofía no es la matemática, la distinción que hemos visto encima revela su punto importante. Es verdad que la dificultad de explicar la filosofía y de organizar sus objetivos en un modo coherente complica la situación mucho. La gente se pierde en la inmensidad de la disciplina, pero esa sensación de no llegar forma parte quintaesénciale del aventuro. Queda problemas graves en el área de la ética a causa de la vaguedad de la filosofía, por ejemplo la pregunta incesante ¿Qué debo hacer? Este propone una controversia en la vida comunitaria. No queremos dejar de creer en soluciones, y se piensa a veces que la filosofía ataca esta idea de resolución. No obstante, en realidad la filosofía no niega el progreso, es la luz que expone la diversidad del mundo – lo fundamental para comprender uno al otro.

silvia dijo...

Identidad y heterodoxia: Repensar la filosofía hoy

Nuestros primeros contactos con la filosofía tuvieron lugar en el instituto. Asentada como asignatura obligatoria de la enseñanza secundaria, se convirtió en una disciplina novedosa e interesante para unos, incompresible y temible para otros. Aprendimos su etimología, del griego “amante de la sabiduría”; su nacimiento, en los pensadores griegos que habitaban en las colonias de Asia Menor; así como los diversos planteamientos que han existido desde el pensamiento desarrollado por los filósofos griegos hasta la actualidad, como pueden ser las ideas expuestas por Platón, Descartes u Ortega y Gasset. Sin embargo, la enseñanza se ha centrado tanto en hacer comprender a los estudiantes los aspectos que giran en torno a esta disciplina que cuando a los alumnos se les pregunta directamente en qué consiste la filosofía, nos demuestran que continúa siendo un concepto totalmente desconocido para ellos.

La mayoría de las definiciones que tratan de describir su finalidad emplean los verbos “pensar” y “reflexionar”; el problema lo encontramos a la hora de determinar la dirección a la que debemos orientar nuestro pensamiento o reflexión. Las respuestas más frecuentes añaden al “pensar” conceptos demasiado globales como la vida, la existencia o la realidad. Sin embargo, tampoco nos sirve para delimitar su ámbito de estudio puesto que nuevamente nos surge la misma pregunta de en torno a qué cosas o aspectos de la realidad debemos referirnos. De esta manera nos podríamos preguntar: ¿debemos considerar la filosofía como una disciplina que abarca un ámbito tan extenso que es imposible de delimitar, o deberíamos orientar nuestra reflexión hacia un punto más concreto como puede ser el plano ético-moral, o más bien centrarnos, tal y como vienen haciendo los institutos, únicamente en la historia, es decir, en la interpretación de los planteamientos hasta ahora expuestos?

En el primero de los casos, no hablamos de una pregunta, sino de una realidad. Los propios entendidos y expertos en la materia, los filósofos, son los primeros entre los que encontramos discrepancias, y por tanto dificultades para definir cuál es la verdadera función de la filosofía. La no existencia de un consenso entre ellos impide establecer sus límites de estudio, de ahí su carácter amplio y global. En el segundo de los casos, estaríamos desechando otros aspectos que la filosofía hasta ahora también ha intentado abarcar, e incluso podríamos caer en el peligro de definir la filosofía como una explicación e interpretación de lo religioso y lo moral; cuando en realidad ésta intenta ir más allá. Y en la tercera pregunta, nos estaríamos refiriendo tan sólo a uno de los aspectos, una de las especialidades que hoy en día trata la filosofía y que podemos recoger bajo el título de hermenéutica.

Luego, ¿cuál es la forma más correcta de entenderla? En el texto, se propone como solución, no tanto el delimitar su campo de investigación, sino más bien el concentrarse en poner en práctica la actividad filosófica. Sin embargo, considero que para una población cuyo pilar de sujeción es el funcionalismo, en la que necesitamos saber en todo momento el para qué, es difícil hacerle comprender que lo realmente importante no es tanto el preguntarnos acerca de qué o sobre qué debemos pensar, sino simplemente reflexionar, ejercitar nuestra mente y obtener resultados, independientemente de que éstos sean correctos o incorrectos. Y más aún en una sociedad en la que los medios de comunicación ejercen tal influencia que crean una opinión colectiva en la que muy pocos tratan de filtrar la información, comprenderla, elaborarla nuevamente desde su propio punto de vista, y en definitiva, hacerla suya.

Quizás el problema no es tanto el buscar o no unos límites, en poner en práctica o no esta actividad, sino en la cada vez menor motivación hacia la filosofía, y en la posibilidad de su fin o desaparición. De hecho, los primeros síntomas ya los estamos padeciendo: cada vez son más los estudiantes que aborrecen la asignatura en el instituto, y de manera proporcional, cada vez es menor el número de alumnos que decide finalmente dedicarse a ella ya no sólo académicamente, sino profesionalmente. Realmente debe buscarse una solución, quizás la respuesta no esté en la especificación de los límites de su ámbito de estudio, quizás tan sólo sea necesario propagar esta forma de entender la vida y defender los propios ideales, o quizás sea el tiempo el que finalmente nos desvele el resultado de esta cada vez más aparente decadencia tanto del estudio, como de la práctica de la filosofía.

Nisunin dijo...

Identidad y Heterodoxia: Repensar la Filosofía Hoy

En este artículo se realiza una consideración de la Filosofía como una actividad. Gracias a dicha actividad puede definirse el fin de la Filosofía: conformar y reorganizar los problemas del ser humano. Al realizar la actividad filosófica, el ser humano reactiva su pensamiento, mantiene un «diálogo» con el razonamiento de otras personas. Asimismo, cuando las personas estudian los diferentes problemas a los que se ven sometidas, toman conciencia de su propio ser, ayudan al conocimiento de sí mismas. Con ello, se contribuye a una mejor comprensión del mundo y, en última instancia, propicia el desarrollo de la Filosofía.

Estando de acuerdo con la definición descrita en este artículo, considero la Filosofía como una actividad y no como mera especulación, gracias a la cual el ser humano es capaz de solventar sus propios problemas. Sin embargo, esta definición se contrapone al estado actual en el que se encuentra esta rama del saber: la Filosofía es considerada como una actividad inútil por la gran mayoría de la sociedad, a causa del «poco rigor científico» que la caracteriza (carece de método, finalidad, objeto... en el sentido que adquieren estos elementos en una investigación científica).

No obstante, lo curioso de este suceso, según el artículo, consiste en que el ser humano considera al filósofo como un «intelectual de usos múltiples»: las personas ven en la figura del filósofo a un intelectual que “no tiene problemas específicos a responder”, ni “un método determinado”, sino que es el “especialista en ver cómo se conectan las cosas”. En mi opinión no creo que la sociedad considere al filósofo como un “especialista en ver cómo se conectan las cosas”. Más bien, creo que la figura del filósofo ha perdido toda la importancia poseída en otros momentos de la historia de la Filosofía. Ahora, el filósofo es una persona inútil para la sociedad, alguien que invierte su esfuerzo y su tiempo en algo que no es útil para las personas, por lo menos, no a corto plazo. La razón de esta triste realidad puede encontrarse en ese tinte científico que inunda todos los aspectos de nuestra sociedad. De ahí, que todos aquellos saberes que no puedan ampararse bajo los presupuestos de las «Trascendentales Ciencias» sean rechazadas. Es decir, de aquellas disciplinas que traten de explicar fenómenos humanos y, por lo tanto, se caracterizan por no ser estables, basadas en hechos individuales y singulares, en contraposición a las Ciencias.

Aunque, ¿quién es el responsable de esta degradante situación de la Filosofía? En el artículo, esta pregunta queda explicada mediante «el concepto de censura en la actualidad»: el cual no procede de ningún organismo gubernamental, sino de la propia sociedad, de la enseñanza, de los poderes editoriales, o de los mass media, entre otros muchos ejemplos. Ahora bien, me pregunto: ¿Hasta qué punto nos encontramos determinados por intereses ajenos a nuestra voluntad? ¿Cuál es el poder que poseen estas nuevas formas de comunicación, que han destronado a la Filosofía como una de las disciplinas más importantes para el ser humano? En mi opinión, gracias a las mass media, la sociedad actual se caracteriza por la homogeneidad y la globalización, en detrimento de una mayor singularidad. El individuo ha perdido su esencia, y prefiere ser una «oveja» más de este rebaño en el que se ha convertido la sociedad. Este rebaño está siendo guiado por una serie de pastores depravados, cuyo máximo objetivo es el de conseguir su propio beneficio, sin importar el perjuicio de los más débiles de la sociedad. Asimismo, esta sociedad se caracteriza por la deshumanización, provocada por el “gran” cientificismo que impera en la actualidad.
En contraposición a la opinión sobre la Filosofía, descrita anteriormente, que mantiene actualmente la sociedad, considero que el papel del filósofo en la sociedad es mucho más importante: es aquel que debe ayudar al ser humano a solucionar los graves problemas que le adolecen: falta de creatividad, la soledad, la confusión.... En resumen, de todos aquellos problemas provenientes de esta época en crisis en la que estamos viviendo. Sin embargo, esta misión no podrá cumplirse hasta que la Filosofía no aúne todas esa variedad de opiniones, de métodos que ha ido desarrollando a lo largo de toda su existencia. El fruto de este acuerdo será una disciplina homogénea, concisa, capaz de vencer el principio de relatividad que tanto daño ha provocado a este saber (con el principio de relatividad todas las opiniones son válidas) y, sobre todo, podrá proporcionar soluciones a los problemas especiales de la humanidad.

deli dijo...

oooo, echo de menos a esta clase!

he visto el libro 'No Logo' en la biblioteca de Almeria y me recuerdo que hemos hablado de este libro. me apetece leerlo pronto.

un saludo a todos,
Deli