Texto nº 1.
El futuro de la Universidad: valor cultural y relación con el arte.
PREFACIO QUE DEBE LEERSE ANTES DE INICIAR UN CURSO DE FILOSOFIA
El lector del que espero algo debe tener tres cualidades: debe ser tranquilo y leer sin prisa, no debe hacer intervenir constantemente su persona y su “cultura” y no tiene derecho a esperar -casi como resultado- proyectos, programas o soluciones. Estos apuntes van destinados a quienes todavía no se han acostumbrado a establecer el valor de todas las cosas en función del ahorro o de la pérdida de tiempo, a quienes todavía no han olvidado pensar y todavía conocen el secreto de leer entre líneas y a los que siguen reflexionando sobre lo que han leído, tal vez mucho después de haber dejado el libro...o sea ¡a pocos hombres!
Este lector debe romper en primer lugar con el oído, sentido privilegiado en nuestra Universidad. Si alguien quisiera conocer la vida de nuestras universidades preguntaría “¿De qué modo entran en relación vuestros estudiantes con la universidad?”. Nosotros respondemos “A través del oído, como oyentes”. “¿Sólo a través del oído?” Vuelve a preguntar. “Sólo a través del oído”. Volvemos a responder. El estudiante escucha, siempre está escuchando y con bastante frecuencia el estudiante escribe también mientras escucha. Esos son los momentos en que está unido al cordón umbilical de la universidad. Ese es el método “acromático” de enseñanza.
Por su parte, el profesor habla a esos estudiantes que escuchan. Lo que piensa y hace en otros momentos está separado por un inmenso abismo de la percepción del estudiante. Muchas veces el profesor lee mientras habla. En general, quiere tener el mayor número posible de oyentes de esa clase; en caso de necesidad, se contenta con pocos, y casi nunca se dirige a uno solo. Una sola boca que habla y muchísimos oídos, con un número menor de manos que escriben: tal es el aparato académico exterior, tal es la máquina cultural universitaria, puesta en funcionamiento. Por lo demás aquél al que pertenece esa boca está separado y es independiente de aquéllos a quienes pertenecen los numerosos oídos. Por otro lado, el profesor puede decir prácticamente lo que quiere, mientras que el estudiante puede escuchar prácticamente lo que quiere: sólo que a cierta distancia y con cierta actitud anhelosa de espectador, está el Estado, para recordar de vez en cuando que él es el objetivo, el fin y la suma de ese extraño procedimiento consistente en hablar y en escuchar.
Así, por un extraño procedimiento la cultura pasa de la boca al oído. Efectivamente, hoy los estudiantes están tan habituados a escuchar que suelen vengarse de eso contra aquéllos a los que sólo pueden escuchar. Según su costumbre, llevan por todas partes la imagen del auditorio, y la necesidad de vengarse de esa enseñanza que es la única que está a su disposición. De ese modo, saben de hecho no sólo que su personalidad está reprimida, y casi esquematizada, sino también que está frustada la tendencia más noble, es decir, su sed de cultura. Una insatisfacción eterna los entristece, los atormenta y, por último, los instiga contra aquellos de quienes esperaban un alimento personal, en lugar de lo cual reciben solamente palabras impersonales, frías, pronunciadas en general ante su auditorio. Por eso, en la universidad suelen ser enormemente raros e insuficientes el respeto y la confianza hacia quien aprende, o sea la única atmósfera fecunda y unificadora entre viejos y jóvenes, entre profesores y discípulos. El hecho de que nuestros estudiantes están condenados a escuchar, de que sólo se los tenga en cuenta como oyentes, les lleva a observar la universidad desde un punto de vista externo, ajeno al tumulto del presente, con sentimientos semejantes a aquéllos con que se observa un puerto tranquilo, de aguas plácidas un día de tempestad y huracán, cuando las luces del faro amenazan con apagarse.
Tomado (libremente) de Friedrich NIETZSCHE, Ueber die Zukunft unserer Bildungsanstalten, [existe traducción española de Carlos Manzano, Sobre el porvenir de nuestras escuelas, Tusquets, Barcelona, 1980].
Texto nº 3
El Nihilismo.
3.1.-“Lo que voy a relatar es la historia de los dos siglos que se aproximan. Y describo lo que viene, lo que no tiene más remedio que venir; la irrupción del nihilismo”. (La voluntad del poder, Prefacio, 2)
“El nihilismo está a la puerta; ¿de dónde nos viene este huésped molesto como ninguno?” (V.P. I, I, 1).
3.2.-“¡Dios ha muerto! ¡Y somo nosotros quienes le hemos dado muerte! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿La grandeza de este acto no es demasiado grande para nosotros? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las generaciones futuras pertenecerán, por virtud de esta acción, a una historia más elevada de lo que fue hasta el presente toda la historia”. (La Gaya Ciencia, 164).
3.2.1.-“Dios ha muerto: ahora queremos «nosotros»... que viva el superhombre”. (Así habló Zaratustra, IV, “Del hombre superior”, 2).
“El fin no es la «humanidad», sino el superhombre”. (V.P., 1000).
3.3.-“¿Qué significa el nihilismo?: que los supremos, valores se desvalorizan. Falta el fin: falta la respuesta al «por qué»” (V.P., I, 2)
3.4.-“FRACASO DE LOS VALORES COSMOLÓGICOS”
A
“El nihilismo, como estado psicológico, aparecerá, primeramente, cuando hayamos buscado un «sentido» a todo lo que pasa, que no está en lo que pasa: hasta el punto de que el que busca acaba por abatirse. El nihilismo es, entonces, el conocimiento de un lago despilfarro de fuerzas, la tortura que ocasiona este «en vano», la incertidumbre, la falta de ocasión para rehacerse de algún modo, sea éste el que sea; de tranquilizarse sobre cualquier cosa, la vergüenza de sí mismo, como si hubiéramos estado engañados mucho tiempo (...).
El nihilismo, como estado psicológico, aparecerá en segundo lugar cuando se haya logrado una totalidad, una sistematización, o también una organización en todo lo que sucede (...). Una forma de unidad, una forma cualquiera de «monismo»: y, por consecuencia de este creencia, el hombre en un sentimiento de profunda conexión y de profunda dependencia frente a un «todo» que le es infinitamente superior, un «modus» de la divinidad.
El nihilismo, como estado psicológico, posee aún una tercera y última forma. Dados estos dos juicios, a saber: que el devenir nada puede ser realizado y que el devenir no está regido por una gran unidad (...): queda el subterfugio de condenar este mundo del devenir todo entero, considerándolo como ilusión, el inventar un mundo que se encuentre más allá, detrás de éste, un mundo de fuera el mundo-verdad. Pero desde que el hombre empieza a advertir que tal mundo no ha sido edificado más que para responder a necesidades psicológicas y que no tiene ningún derecho a la existencia, empieza a tomar vida una forma suprema de nihilismo, una forma que abraza la negación del mundo metafísico y se prohíbe la creencia en un mundo verdad. Colocándose en este punto de vista, se admite la realidad del devenir, se niega toda clase de camino extraviado que conduzca más allá y a las falsas divinidades; pero no se soporta este mundo, aunque no se lo quiere negar.
¿Qué es lo que ha sucedido, en suma? El sentimiento del no-valor se realiza, cuando se ha comprendido que no se podía interpretar el carácter general de la existencia ni por la idea de “fin”, ni por la idea de “unidad”, ni por la idea de “verdad”. Nada se ha conseguido ni obtenido de ese modo; la unidad que interviene en la multiplicidad de los acontecimientos, falta; el carácter de la existencia no es “verdadero”: es falso...: ya no hay, verdaderamente, razón para persuadirse de la existencia de un mundo-verdad... En una palabra, las categorías: “causa”, “fin”, “unidad”, “ser”, por las cuales hemos obtenido un valor para el mundo, quedan retiradas por nosotros; y desde entonces el mundo tiene el carácter de una cosa sin valor...”
B
“Admitiendo que hayamos reconocido que el mundo no puede ser regido por estas tres categorías y que, después de este examen,. el mundo comienza a carecer de valor para nosotros, será preciso que nos preguntemos de dónde han llegado a nosotros estas tres categorías. !Tratemos de investigar si es posible negarles todo crédito!. cuando hayamos despreciado estas tres categorías, la demostración de la imposibilidad de aplicarlas al mundo no es ya una razón suficiente para despreciar el universo.
Resultado: la creencia en las categorías de la razón es causa del nihilismo; nosotros hemos medido el valor del mundo por estas categorías, que se refieren a un mundo puramente ficticio.
Conclusión: todos los valores por los que nosotros hemos tratado hasta ahora de hacer estimable el mundo para nosotros, y por los cuales precisamente lo hemos despreciado cuando se mostraron inaplicables, todos esos valores son, desde el punto de vista psicológico, los resultados de ciertas perspectivas de utilidad, establecidas para mantener y aumentar los campos de dominación humana, pero proyectadas falsamente en la esencia de las cosas. Sigue siendo, pues, la ingenuidad hiperbólica del hombre lo que hace que se considere él mismo como el sentido y la medida de las cosas”. (V.P., 12).
3.5.-“EXAMEN DE CONJUNTO”. Todo crecimiento abundante trae efectivamente consigo un formidable fraccionamiento y una corrupción: el sufrimiento, los síntomas de degeneración son propios de las épocas que dan un enorme paso adelante; todo movimiento de la humanidad, fecundo y poderoso, ha creado al mismo tiempo un movimiento nihilista. En ciertas circunstancias, sería el indicio de un movimiento incisivo y de primera importancia, el indicio del paso a nuevas condiciones de existencia, que viésemos abrirse en el mundo las formas extremas del pesimismo, el nihilismo verdadero”. (V.P., 112)
3.6.-“FORMAS DE ATURDIMIENTO. En lo interior: no saber cómo salir de sí mismo. Tentativas de salir de este estado por medio de la embriaguez: embriaguez como música, embriaguez como crueldad en la caída trágica de los más nobles, embriaguez como ciego entusiasmo por ciertos hombres y ciertas épocas (como odio, etc). Tentativa de trabajar aturdido, como instrumento de la ciencia: abrir los ojos a los pequeños goces, por ejemplo, los goces del aficionado (...); este mismo sentimiento generalizado hasta constituir un «pathos»; la mística, el goce voluptuoso del eterno vacío; el arte «por el arte» (...) el «conocimiento puro» como narcótico del vacío de sí mismo; cualquier trabajo constante, cualquier pequeño fanatismo”. (V.P., 29).
3.7.-“El nihilismo tiene doble sentido:
A) El nihilismo como signo de creciente poder del espíritu: nihilismo activo.
B) El nihilismo como decadencia y retroceso del poder del espíritu: nihilismo pasivo”. (V.P., 22)
3.8.-“El nihilismo no es solamente una meditación sobre ese «en vano» no es solamente el hábito de creer que todo merece perecer: el nihilismo pone mano a la obra también, destruye... Esto es, si se quiere, ilógico; pero el nihilismo no se cree en la necesidad de ser lógico... Condición de espíritus vigorosos y de voluntades fuertes es ésta -y para ellos es imposible detenerse en la negación del «juicio»-: la negación que obra tiene su origen en la naturaleza. El aniquilamiento por el juicio secunda al aniquilamiento por la acción”. (V.P. 24)
“El nihilismo es un síntoma; indica que los desheredados no tienen ya consuelo, que destruyen para ser destruidos, que, separados de la moral, ya no hay razón para que «resignen»; que se colocan en el terreno del principio opuesto y quieren también poder por su parte, forzando a los poderosos a ser verdugos. Esta es la forma europea del budismo, «la negación activa» por la cual la vida ha perdido todo su sentido”. (V.P., 55).
3.9.-“Pensemos ahora esta idea en su forma más terrible: la existencia tal cual es, sin sentido y sin finalidad, pero volviendo constantemente de una manera inevitable, sin un desenlace, en la nada: «El eterno retorno».
Esta es la forma extrema del nihilismo: !la nada (el «absurdo») eterna!” (V.P., 55).
”Para esta «la más grande lucha» es necesaria un «arma» nueva. El martillo: provocar una terrible decisión; poner a Europa frente a las consecuencias, si su voluntad quiere el ocaso.
Guardarse de la mediocridad. !Antes la muerte!” (V.P., 1053).
“Una moral y una doctrina pesimistas, un nihilismo extático, pueden en ciertas circunstancias ser indispensables precisamente al filósofo: en calidad de una potente presión y de un martillo con que despedazar razas degeneradas y moribundas, y quitarlas de enmedio para abrir el camino a un nuevo orden de vida, o inspirar el deseo del fin a lo que degenere.